A media mañana nuestro jardín se llenó de niños jugando mientras los papis hablábamos y tomábamos té al sol. Hermanas desde Andorra o Vitoria venían para el encuentro. Otras, desde pueblos más cercanos. Pero todas con la misma ilusión y las mismas ganas. Después comenzamos el dikr dentro de casa y fue una maravilla, una limpieza profunda.
Al acabar rezamos y comimos. Pan, ensalada, sopa y cuscús con pollo. El menú era riquísimo pero las delicias estaban por llegar... ¡cinco postres para elegir! Tarta de manzana, pastel de zanahoria, bizcocho, pastel de naranja y bizcocho con mermelada. ¡Que delicia! ¡Se nos hacía la boca agua!
Después del sohbet algunos se fueron y otros se quedaron un rato más. Los hombres y los niños se fueron a la montaña de nuevo; las mujeres nos quedamos hablando tranquilamente. Después, a media tarde, se marcharon dejando muchos ratos cálidos de sol dentro y fuera de casa.
Disfrutamos mucho de esta visita, de nuestros hermanos y la baraka que dejaron.
Al día siguiente saqué el jarrón con el ramo de flores que unas hermanas habían traído junto con un platito que contenía un poco de cada uno de los postres que hicieron, a la mesa del jardín. Al verlos tan bonitos no pude más que fotografiarlos y compartir esta enorme baraka que quedó en casa después de esta bendita visita.