Yo, una chica soltera, joven y de lo más normal, con una vida universitaria y común, de pronto me vi profundamente enamorada de un hombre y de una forma de vivir. Un año y medio después, este amor se hace inmenso con la llegada del primer fruto de mi felicidad: Ahmed Nur, la lucecita de mi vida.
Ahora, cuando de madrugada me hayo en la penumbra, dando pecho a mi bebé, miro a mi lado y me siento llena de felicidad por tener a mis dos principies. Ellos son los hombres de mi vida.













